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28/06/2017 02:05:08

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Don Benito. Apuntes para su historia

En el entorno cercano al núcleo urbano de Don Benito se han localizado restos arqueológicos pertenecientes a diferentes etapas de la Prehistoria, entre ellos un horno y varios silos del Calcolítico, o los castillejos de “Las Merchanas” y “Cerro del Castillo”, entre otros, pertenecientes a la Edad del Hierro. Por su importancia hay que destacar el denominado “Jarro de Valdegamas”, hallado en el año 1953 en la dehesa del mismo nombre, en las inmediaciones del río Guadámez. Se trata de una vasija de bronce, fundida en una sola pieza, que posee rasgos característicos del oinochoe griego, aunque se cree que fue realizada en un taller ibérico. Está fechada en torno a la segunda mitad del siglo VI a.C. y todo apunta a que imita prototipos orientales con influencias etruscas.

 
De época romana existen numerosos asentamientos rurales dispersos por el área de influencia de la colonia Metellinensis.  En el término de Don Benito se encuentra la villa romana de “La Majona”, descubierta en 1995. Es un interesante yacimiento con lujosas estancias, pilastras y bellos mosaicos, situado muy cerca del río Guadiana, en donde apareció un busto masculino a tamaño natural realizado en mármol blanco, que ha sido datado de mediados del siglo III. La pieza, de cuidada factura y gran realismo, estaba diseñada para ser colocada en un pedestal.
 
La escasez de noticias de este territorio hasta la Reconquista cristiana hace que las lagunas informativas sobre Don Benito sean notables. Las investigaciones llevadas a cabo nos permiten conocer la participación en la conquista de esta zona a las Órdenes Militares de Santiago y Alcántara, así como de efectivos militares del obispo de Plasencia. Sabemos que en 1234 Fernando III incorporó definitivamente Medellín y su tierra a la Corona de Castilla, quedando configurado como una Comunidad de Villa y Tierra. Tras un tiempo de realengo, fue muy pronto señorializado de tal manera que en la primera mitad del siglo XV pasó a diferentes señores hasta que, finalmente, recayó en Rodrigo Portocarrero en 1449.
 
Por lo demás, Don Benito ya existía cuando se creó el Condado de Medellín. De hecho, las primeras referencias al lugar de Don Benito son del año 1391, tratándose ya de un núcleo poblacional bastante desarrollado. El profesor Clemente Ramos afirma, en este sentido, que la existencia en esa fecha de una cofradía, la de San Andrés, ofrece indicios de madurez social. Además, podemos suponer una relativa expansión demográfica por cuanto por esas fechas se tiene constancia documental de la existencia de varias rozas en su terrazgo, al tiempo que se hacen referencias a antiguos propietarios, lo que nos hace pensar en una fundación temprana.
 
Por otro lado, el origen del antropónimo aún es desconocido. Sabemos que el don indicaba cierto rango social, pero hemos de abandonar la idea de la existencia de un propietario con ese nombre que repartiese tierras entre los vecinos. La aldea de Don Benito, como ha quedado demostrado, no se funda en ningún terreno de propiedad particular, sino que surge en un espacio adehesado comunal, en tierra concejil, por lo que nunca perteneció a ningún señor.
 
Por tanto, abandonadas ya las leyendas sobre su origen y fundación, actualmente sabemos que el proceso repoblador llevado a cabo en esta zona estuvo adjudicado a los señores de Medellín. Según algunas hipótesis, el asentamiento de Don Benito pudo ser potenciado para reforzar los límites con los territorios de la Orden de Alcántara. Hay que recordar que en 1303 Fernando IV donó a dicha Orden el lugar de Aldeanueva (actual Villanueva de la Serena), aldea perteneciente a Medellín. Se ha barajado la hipótesis de que Don Benito, a raíz de este hecho, experimentara un relativo auge poblacional en un intento de afianzar el dominio sobre el territorio o que, incluso, surgiera en este preciso momento, muy probablemente con pobladores castellano-leoneses.
 
Lo que sí ha quedado suficientemente probado es que, a mediados del siglo XV, concretamente en el año 1446, con ocasión de la toma de posesión de Medellín y su tierra por don Juan Pacheco, marqués de Villena, estuvieron presentes en dicho acto dos alcaldes en representación de Don Benito, junto con otras autoridades del resto de aldeas del Condado. Don Benito aparece, a mediados del siglo XV, como una aldea importante, como lo demuestra el que tuviera dos alcaldes.
 
Si las teorías en cuanto a su origen son escasas, también son confusas las relativas a su emplazamiento primitivo. Así, mientras algunos autores defienden la hipótesis de que el primer asentamiento estaría emplazado en el cerro de San Sebastián, otros autores consideran que Don Benito surgió en torno a la plaza, desde donde se produjo la expansión urbanística a principios del siglo XVI, como lo demuestra la construcción de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, clara evidencia de aumento demográfico.
 
Ese incremento poblacional hace que, a mediados del siglo XVI, Don Benito aparezca ya como el mayor núcleo habitado del Condado de Medellín. Según el censo de pecheros de 1531 la localidad contaba con 606 vecinos (unos 2.500 habitantes) muy lejos de los 415 de la propia villa matriz de Medellín. Estos datos ponen de manifiesto la pujanza de Don Benito en las primeras décadas del siglo XVI y, quizá por ello, el 7 de marzo de 1550 Carlos I concediera las primeras Ordenanzas Municipales, momento en el que contaba con unos 4.300 habitantes.  A finales de la centuria, según datos del Censo realizado por Felipe II, la localidad contaría ya con 1.034 vecinos, una cifra importante en el contexto de Extremadura.
 
Una localidad que, sin embargo, tuvo una escasa contribución a la emigración con destino a América en relación con su población. Sabemos que algo menos de 150 vecinos de Don Benito pasaron a América, la mayoría de ellos en el siglo XVI. Entre los pasajeros a Indias encontramos algunos dombenitenses que consiguieron ocupar puestos de responsabilidad: Francisco Calderón de Robles (canónigo en Cuzco), Juan Gómez (alcalde y regidor en Santiago), Pedro Martín de Cecilia (alcalde de Lima), Alonso Martín (capitán en Perú), Alonso de Mendoza (regidor en Perú), o Alonso Cabeza de Herrera, que llegó a poseer una mina de plata en Potosí. También ilustres personajes como Hernán Cortés, tuvieron una estrecha relación con Don Benito, en donde su padre Martín Cortés de Monroy tenía una casa y casi todas sus propiedades, y en donde la familia solía pasar largas temporadas. La vinculación de la familia Cortés con Don Benito venía de antiguo, ya que Martín Cortés El Viejo, abuelo del conquistador de México, estaba avecindado en esta localidad en 1432.
 
El 6 de noviembre de 1635 Felipe IV otorgó a  Don Benito la jurisdicción de oficios por lo que en adelante podía nombrar dos alcaldes ordinarios, dos alcaldes de la Hermandad y escribanos independientes del conde de Medellín. Era el inicio de una relativa autonomía de gobierno, aunque para ello hubo de hacer frente al pago de 12.000 ducados, en un momento caracterizado, por lo demás, por una importante recesión a causa de las epidemias de peste, plagas de langosta o de las cíclicas crisis de subsistencias que se padecieron. Esto provocó que la población de Don Benito se situara en los niveles más bajos de la Edad Moderna.
 
Un hecho histórico para la localidad será la obtención del privilegio de villazgo eximido de la jurisdicción de Medellín. El 13 de julio de 1735 Felipe V, previo pago de 4.500 ducados, concedió a la villa la jurisdicción civil y criminal, asignándole un alcalde mayor en representación de la autoridad real. Meses después, se procedió a la delimitación del término y aquí puede situarse el inicio del espectacular desarrollo demográfico y económico de la localidad, muy ligado a la fertilidad de sus tierras.
 
De hecho, a mediados del siglo XVIII Don Benito, según el Catastro de Ensenada, contaba con 1.609 vecinos, lo que traducido en número de habitantes equivalía a unos 6.114. Y ese incremento demográfico no cesó, porque a finales de esa centuria, la población se había incrementado en un 26,4% en tan solo cincuenta años. Sin embargo, este crecimiento poblacional no estuvo acompañado del necesario incremento productivo, hasta el punto de que se ha afirmado que la historia de Don Benito durante la Edad Moderna, es la de una continua lucha y creciente tensión entre los efectivos poblacionales y los recursos productivos. Es lo que algunos investigadores han llamado “la lucha por la tierra”, fenómeno que en Don Benito tuvo especial significación, sobre todo, motivado por la secular presencia de las numerosas cabañas merinas trashumantes para las que estaban reservadas las mejores tierras del término. Don Benito fue, desde antiguo, asentamiento de importantes latifundios propiedad de la nobleza absentista, lo que se tradujo en una intensa desigualdad en el reparto de la tierra.
 
Don Benito es, a finales del siglo XVIII, un peculiar realengo, incluido en la jurisdicción del Condado de Medellín y limítrofe con el territorio de las Órdenes Militares de Santiago y Alcántara. Formaba parte del Corregimiento de la ciudad de Trujillo y en lo eclesiástico dependía, como hoy, de la diócesis de Plasencia, constituyendo la parte más meridional de la misma.
 
La Contemporaneidad entra en Don Benito con un episodio negativo: la Guerra de la Independencia. Desde el punto de vista demográfico y económico, el conflicto contra los franceses supuso una clara ruptura en la evolución creciente, ya que desde mediados del siglo XVIII hasta 1813, Don Benito había visto incrementar sus efectivos demográficos en un 33,5%. Este aumento estuvo motivado, en parte, por los cambios introducidos en la estructura agraria tradicional que, al limitar los privilegios mesteños, provocó un importante aumento en la superficie roturada y, por tanto, de la producción agrícola.
 
En el contexto de la guerra contra los franceses, el 28 de marzo de 1809 tuvo lugar la denominada “Batalla de Medellín”, aunque realmente la mayor parte de las operaciones tuvieron lugar en dehesas del término dombenitense como Retamosa, Don Llorente, Dehesa boyal o La Redondilla. El campo de batalla quedó establecido en una especie de triángulo cuyos vértices estarían ocupados por las localidades de Don Benito, Mengabril y Medellín. Los ríos Guadiana y Ortigas sirvieron para delimitar un campo de operaciones en el que llegaron a participar cerca de 40.000 hombres.  Al final, de las 10.000 bajas estimadas en el ejército de Extremadura, solamente 1.850 fueron prisioneros. De entre los fallecidos, medio centenar eran jóvenes vecinos de Don Benito. Además de la sangría demográfica, la guerra contra los franceses tuvo muchas y variadas consecuencias: ruina de la Hacienda local, invasiones de terrenos públicos, crisis agropecuaria, etc.
 
La realidad socioeconómica de Don Benito en el primer tercio del siglo XIX se caracterizaba por un importante desequilibrio entre población y recursos. En este contexto, se produjo la fundación de la nueva población de Santa Amalia por vecinos de Don Benito en unos baldíos comuneros ubicados, mayoritariamente, en el término dombenitense. El 31 de marzo de 1827 Fernando VII, a petición de un colectivo de 62 pequeños labradores de Don Benito, firmaba el decreto fundacional, a pesar de la oposición mostrada tanto por la Junta de labradores y ganaderos como por el propio ayuntamiento de Don Benito. A partir de este momento se produjo un importante trasvase de población hacia la nueva población. No obstante, la pujanza de Don Benito en el contexto regional no se verá resentida. Así, en 1829 el corregimiento de Don Benito fue uno de los catorce en que se dividió la Baja Extremadura. Y lo que es más significativo, según el Censo de 1837, Don Benito era el núcleo más populoso de toda Extremadura con 12.140 habitantes. Un incremento demográfico que continuará en los años siguientes y así, en la década de 1850, Don Benito contaba ya con unos 14.000 habitantes, y eso a pesar de haber sufrido los efectos negativos de una importante epidemia de cólera morbo en 1834.
 
Los procesos desamortizadores llevados a cabo durante el siglo XIX provocaron un importante trasvase de propiedades desde el ámbito institucional al privado. Lo más significativo, sin duda, fue la pérdida de parte del patrimonio rústico municipal que pasó a manos de particulares, aumentando la concentración de la tierra ya existente. No obstante, mediante otros procesos como los repartos de tierras a censo o mediante las roturaciones arbitrarias, muchos vecinos consiguieron un exiguo patrimonio rústico. De hecho, Don Benito era a comienzos del siglo XX la localidad con mayor número de propietarios rústicos de la provincia de Badajoz.
 
Con la implantación del liberalismo político la localidad fue designada Cabeza de Partido Judicial en 1834, por lo que le correspondía un Juzgado de Primera Instancia. En 1883 se completaría con la creación de la Audiencia Criminal de Don Benito, aunque de vida efímera. En el ámbito político, en 1846 se creó el distrito electoral de Don Benito, compuesto por diecisiete localidades. Un distrito que, inicialmente, estará controlado por familias autóctonas con destacados apellidos como Donoso Cortés, Torre Isunza, Alguacil Carrasco, Nicolau, Dorado, Campos de Orellana, Solo de Zaldívar, Hidalgo-Barquero, etc. De todos ellos, hay que destacar el protagonismo político y la talla intelectual de Juan Donoso Cortés, I marqués de Valdegamas. Finalizando el siglo, el distrito de Don Benito terminó siendo controlado por diputados cuneros, entre los que encontramos a Alejandro y  Carlos Groizard, padre e hijo, entre otros miembros de la burguesía comercial y financiera madrileña.
 
Uno de esos diputados a Cortes, Guillermo Nicolau, el comerciante más importante de la provincia de Badajoz a mediados de siglo, influyó en la concesión del título de ciudad a Don Benito por la reina Isabel II el 17 de mayo de 1856. Este mismo año, la localidad fue invadida por una nueva epidemia de cólera morbo, causando la muerte de 233 personas. Por desgracia, no sería la última epidemia. En el verano de 1885 un nuevo brote colérico provocó miles de invadidos y 537 fallecidos, convirtiéndose Don Benito en la localidad extremeña más afectada por la epidemia.
 
Durante la década de los años treinta del siglo XX, Don Benito, como otras muchas localidades extremeñas, sufrirá graves problemas de abastecimiento y paro. En un contexto de crisis laboral, inquietud política y enfrentamientos sociales tuvo lugar la sublevación militar de julio de 1936, que en Don Benito fracasó. Desde ese verano y durante dos años, la localidad estuvo en manos de diferentes comités republicanos, siendo ocupada por las tropas franquistas el 24 de julio de 1938 en el marco de las operaciones conocidas como “Bolsa de la Serena”. Además de los destrozos materiales y la parálisis económica que la guerra trajo aparejada, lo peor, sin duda, fueron las pérdidas de vidas humanas que, en el caso de Don Benito, ascendió a casi medio centenar, víctimas de la represión por uno y otro bando durante y, sobre todo, después de la guerra. Don Benito fue una de las localidades extremeñas más castigadas por la represión de distinto signo.
 
Del período de la dictadura franquista hay que destacar, por la importancia que para el futuro de esta zona tendrá, la puesta en marcha del conocido “Plan Badajoz” que, entre otras cuestiones, supuso un importante aumento de la superficie regable, la puesta en marcha de algunas industrias de transformación, así como la creación de ocho poblados de colonización en el término de Don Benito, como fueron los de Conquista del Guadiana, El Torviscal, Gargáligas, Hernán Cortés, Ruecas, Valdehornillos, Vivares y Zurbarán, aunque éste último, finalmente, pasó a depender de Villanueva de la Serena.
 
Ya de época democrática podemos destacar las visitas oficiales que realizaron a Don Benito las más altas personalidades del Estado. El 9 de marzo de 1977 visitaban la ciudad los Reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía, en la que fue la primera visita oficial como monarcas a Extremadura. Al año siguiente, lo haría el entonces presidente del Gobierno Don Adolfo Suárez y, algunos años después, el 10 de junio de 1996, S.A.R. el Príncipe de Asturias Don Felipe de Borbón.
 
 
 
 
 
Juan Ángel Ruiz Rodríguez

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